MARRUECOS – Saïdia

Si hasta hace apenas un año la zona que rodea Melilla y la región de Oujda era prácticamente una tierra ignota en el mundo del turismo -una tierra que incluso la aguerrida Guide du Routard en su edición del 2002 describía como «fuera de los circuitos turísticos donde es difícil que os encontréis con otros trotamundos a pesar de ser uno de los pocos lugares del Mediterráneo donde en una sola jornada se puede pasar de la montaña al mar y luego a las dunas del desierto»-, ahora se ha transformado en uno de los destinos más deseados del Mediterráneo. Un destino que provoca mucha curiosidad en los que están siempre buscando nuevas tierras por explorar.

Kilómetros de playas de arena frente a un mar templado; muy pocos hoteles(sólo dos abiertos por el momento) pero de cinco estrellas; un puerto deportivo con un ambiente sofisticado pero sin aglomeraciones y, sobre todo, un territorio por descubrir y conquistar donde el turismo de masas todavía no ha entrado a saco. ¿Cómo se llega a ese paraíso? No puede ser más fácil.

Kilómetros de playas de arena frente a un mar templado, muy pocos hoteles, un puerto deportivo sofisticado…

Lo más recomendable es reservar una habitación en un hotel como el Barceló Mediterránea, comprarse un billete de avión con Ryan Air, Jet2.com o alguna otra compañía low cost que opere con Nador y lanzarse a una aventura sin riesgos y, por ahora, sorprendentemente económica. A diferencia de otros destinos exóticos inéditos, se encuentra a una hora de avión de Madrid y poco más de Barcelona.

La gran ventaja de ir con el alojamiento concertado es tener acceso a un cómodo servicio de transfer hasta el mismo Saïdia, que dura otra hora pero que permite ir conociendo algunos de los tesoros del noreste de Marruecos. A pocos minutos del propio aeropuerto aparece la Mar Chica, un mar Menor sin rascacielos, prácticamente virgen. Más adelante, surge una costa arenosa ya propiamente mediterránea, sin una sola edificación, que se prolonga hasta Ras el Ma o, lo que es lo mismo, Cabo del Agua.

Cientos de actividades

Un promontorio rocoso al que vale la pena volver. Ya sea para ver el panorama que se divisa desde allí con detenimiento y así descubrir las misteriosas y todavía inaccesibles islas Chafarinas a vista de pájaro; ya sea para comer sardinas en Cap de l’Eau (que significa lo mismo pero en francés), o para hacer submarinismo en el que, según cuentan los especialistas, es el mejor lugar de esta parte del Mediterráneo. O simplemente para darse un baño en una playa salvaje que se prolonga hasta la desembocadura del rió Muluya que marcaba la frontera entre el antiguo Protectorado Español en Marruecos y el Francés.

Desde 1883 hay una población en la frontera con una fortaleza de adobe que el sultán Hassan hizo construir en 1883

Saïdia se encuentra justo después, en ese espacio de costa de unos catorce kilómetros que antecede el territorio argelino. Desde 1883 hay una pequeña población en la misma frontera, como se puede comprobar visitando la fortaleza de adobe que el sultán Hassan hizo construir en 1883. Más tarde, durante la ocupación francesa desde 1913 hasta finales de los años cincuenta, se convertiría en un popular lugar de veraneo del que aún se conservan bastantes construcciones que han servido de base precisamente para crear la nueva Saidïa del siglo XXI. Tanto los hoteles, como los apartamentos y el puerto deportivo se encuentran a unos cinco kilómetros en los límites de la reserva natural de la desembocadura del Muluya, en una especie de oasis entre el Mediterráneo y los montes de Beni Snassen.

Explorar los alrededores

Según los gustos y las necesidades de cada viajero, en este lejano este se pueden combinar unos días de playa en régimen de todo incluido dejándose mimar, con excursiones por la zona, ya sean por tierra pero también por mar. Pero al mismo tiempo se cuenta con un puerto deportivo con animación tanto de día como de noche -a cinco minutos a pie- y con una población cercana donde se puede cambiar de ambiente, tomar una copa, ver otra gente, ir de compras y sentirse protagonista de una película de misterio al acercarse a la frontera con Argelia, cerrada desde mediados de los años noventa.

Aunque hay que sacar fuerzas de flaqueza para alejarse de la rutina de la playa, el hammam, las comidas al borde de la piscina, los paseos por la Corniche y el trato amable del personal marroquí, vale la pena lanzarse a la aventura. Puede ser de forma muy controlada a través de excursiones; las hay por la costa, acercándose en lo posible y lo permitido a las islas Chafarinas, o viajando hasta Oujda, el secreto mejor guardado de Marruecos que este verano recupera una plaza al estilo de Jamaa El Fna. Pero sobre todo adentrándose en los montes Beni Snassen donde se esconden maravillas como la garganta de Zegzel, un vergel cuajado de fuentes, cascadas y cuevas donde se han encontrado los restos humanos más antiguos de esta parte de Africa. Los que quieran ir por libre tampoco van a encontrarse ningún problema. Se puede alquilar un coche e incluso pasar una noche en una casa rural como la que ofrecen Caid el Mansura camino de Berkane

mas info:

http://www.ocholeguas.com/2010/05/17/africa/1274090501.html

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o bién solicitanos información enviando un email a

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