SUDÁFRICA – JOHANNESBURGO
Johannesburgo, el corazón de la moderna Sudáfrica y la tercera ciudad más grande del continente negro, es un destino del que muchos evitan hablar. Pero su turbulenta historia, que hizo de ella una ciudad maldita durante buena parte del siglo XX, cuando se convirtió en la indiscutible capital mundial del apartheid, no puede hacernos cerrar los ojos por más tiempo ante la extraordinaria evolución de una urbe compleja, futurista, vibrante y prometedora, que no se parece a ninguna otra y se apresta sin complejos a ser sede oficial, primero, de la Copa Federación, y después, de la Copa del Mundo de fútbol.
Jo’burg es una suma de núcleos urbanos unidos por modernas autopistas y separados por frondosos bosques
Cuando los boers (granjeros) holandeses llegaron a aquel páramo desértico del Transvaal, a mediados del siglo XIX, no había ni un solo árbol a la vista. Ahora, la extensa megápolis sudafricana es más bosque que ciudad. Porque Jo’burg, aclarémoslo sin demora, es una suma de núcleos urbanos unidos por modernas autopistas y separados por frondosos bosques, de los que hasta el último árbol ha sido plantado por mano humana. Los blancos, un diez por ciento mal contado de la población, que controlan los negocios y activan la economía, viven recluidos en unos pocos barrios prósperos y relucientes. El resto, lo ocupa el noventa por ciento de ciudadanos negros. Se convive sin estridencias, pero es obvio que hay un muro de cristal entre ambas comunidades.
El punto más emblemático de esta ciudad que crece y crece, como una adolescente, llena de problemas, es sin duda Constitution Hill. Sobre esta colina se construyó un poderoso fuerte a finales del siglo XIX. Durante la época del apartheid fue la prisión en la que se recluía a los presos políticos. Nelson Mandela («Nadie conoce verdaderamente una nación hasta no haber estado en sus cárceles») y Gandhi («En verdad que Sudáfrica hizo de mí lo que soy ahora. Mi amor por este país y mi preocupación por sus problemas no es menor que el que siento por India»), entre otros, contribuyeron a hacerla famosa.
Ahora, puede visitarse la vieja y cochambrosa cárcel con la alegría de saber que aquella etapa maldita de represión y desprecio a los derechos humanos quedó felizmente atrás. Lo más relevante es que allí mismo, utilizando como materiales los ladrillos sacados de los muros de la prisión, se levanta la ultramoderna sede del Tribunal Constitucional del país, orgullo de todos los sudafricanos.
Ciudad de día
En el centro de la ciudad, abandonado hace años por la población blanca, se vive sólo de día. Al caer la tarde, todos los negocios cierran y es mejor no aventurarse por sus calles desiertas. Sin embargo, las autoridades están haciendo notables esfuerzos para recuperar la normalidad y el pulso de la vida en esa zona. Newtown, un área adecentada alrededor de la flamante plaza Mary Fitgerald, con algunas terrazas al aire libre, tiendas y museos, es el único lugar seguro, de momento. Vale la pena visitar allí el Museum Africa y el Market Theatre Muy recomendable también, una vez en el centro, es subir al Top of Africa, el mirador de la torre del Carlton Center, que ofrece vistas impresionantes de toda la ciudad.
El Soccer City Stadium, que será sede de la ceremonia inaugural y de la final del próximo Campeonato del Mundo se alza en un inmenso descampado, teniendo como fondo las colinas de color albero formadas por los escombros extraídos de las minas de oro que dieron prosperidad a la ciudad desde que un tal George Harrison diera, en 1886, una patada a una piedra y descubriera que tenía una veta de oro.
El Soccer City Stadium, revestido de baldosas de cerámica de color calabaza, lleva anexo un extraordinario complejo comercial y de entretenimiento
Que nadie se preocupe, porque este magnífico estadio, revestido de baldosas de cerámica de color calabaza, en el que el Comité Organizador espera encontrar de nuevo otra mina, esta vez dando patadas a un balón, lleva anexo un extraordinario complejo comercial y de entretenimiento. Secretamente, todos los que tienen un negocio allí esperan extraer un poquito de oro de cada uno de los noventa y cuatro mil espectadores que cabrán en el estadio.
Próximo al estadio, se encuentra Sandton, uno de los núcleos urbanos más seguros, una auténtica ciudad dentro de la ciudad, donde se apiñan la mayoría de los grandes hoteles y centros comerciales. El lugar más frecuentado de Sandton es Mandela Square, una amplia plaza al aire libre, del tamaño de la Plaza Mayor de cualquier capital de provincia española, presidida por una estatua del gran padre de la nación sudafricana de más de cinco metros de altura.
Lo más curioso es que la plaza viene a ser el claustro interior de un gigantesco centro comercial. En Jo’burg no queda más remedio que acostumbrarse a vivir en guetos de lujo, plagados de tiendas de toda laya, restaurantes, bares, cines y, a veces, hasta plazas al aire libre. La seguridad es total y todo queda a mano para consumir sin freno.
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hola…
quisiera saber si haun queda plazas para el viaje?
saludos