MONACO
Con las nuevas tarifas aéreas a Niza más bajas que lo que cuesta un taxi desde el centro de Barcelona, cualquiera puede permitirse una escapada a Montecarlo. Sobre todo cuando acaban de inaugurar uno de esos hoteles que mi amigo Álvaro Castro podría incluir en una nueva edición de su guía de hoteles con las tres B: Bueno, Bonito y Barato a menos de 100 euros, si se reserva con antelación.
Desde el aeropuerto de Niza, el autobús Express al Principado sólo cuesta 1 € (tarifa actualizada del 2008) pero es difícil resistirse a la tentación de vivir, aunque sólo sea por unos minutos, la vida de esos otros que al desembarcar del avión son dirigidos inmediatamente al helipuerto, en el otro extremo de las pistas, donde un helicóptero los espera para llevarlos al ‘paraíso’ en apenas 6 o 7 minutos, con traslado incluido al hotel.
El capricho cuesta unos 100 €. Entre 1 y 100, está siempre el tren con un cero menos. De una u otra forma, la llegada al Principado siempre es una sorpresa. Por muchas fotos y películas que se hayan visto sobre Montecarlo. Es difícil distinguir dónde termina el mito y comienza la realidad, incluso cuando se ponen los pies frente a ese Casino diseñado por Garnier, el mismo de la antigua ópera de Paris.
Un país mínimo
El territorio del Principado es realmente minúsculo, apenas cuatro kilómetros de costa con un fondo que no llega alcanzar en muchos puntos los mil metros y eso incluye: la Roca donde se esconde la ciudad histórica, el famoso Acuario y Museo Oceanográfico fundado por aquel Príncipe marino también llamado Alberto (pero Primero), y el Palacio donde han habitado todos ellos desde hace más de dos siglos.
Éste incluye un insólito Museo Napoleoniano (Bonaparte nunca estuvo por aquí pero a Luis II le gustaba mucho el personaje y se dedicó a coleccionar miles de recuerdos) y los preciosos jardines de St.Martin, desde donde se domina una de esas vistas de la Costa Azul que cortan el hipo. Y eso es sólo el núcleo central, porque a su alrededor todavía hay media docena de barrios: la Condamine, donde está el puerto que lleva el nombre de Hércules siempre abarrotado de yates; la capilla del siglo XI dedicada a Santa Devota, la patrona de Mónaco; el mítico Sporting Club, justo enfrente del punto de salida del no menos legendario circuito para Fórmula Uno…
El recién inaugurado Novotel.La lista no termina ahí. Fontvieille es famoso por su circo -no es una leyenda urbana el haber podido ver la caravana de la princesa Estefanía hasta hace unos años en su entorno-, y por incluir miles de metros cuadrados ganados al mar donde se ha instalado el helipuerto. Moneghetti, en la parte más alta, esconde parques tropicales e incluso grutas cuajadas de estalactitas y estalagmitas. Le Larvotto, con sus playas y el mítico club donde la princesa Grace celebraba esas fiestas que llenaban páginas y páginas de papel coucher y naturalmente Montecarlo, donde comenzó la leyenda, con su casino y sus hoteles de lujo.
Pero que ahora también incluye, donde hasta hace muy poco se encontraba la sede de Radio Montecarlo, el nuevo Novotel, un tres estrellas con una decoración firmada por Philippe Stark, piscina exterior climatizada y una terraza privilegiada desde donde se domina todo el Principado y el Mediterráneo.
Nuevo tren al Principado
Se encuentra muy cerca de uno de los accesos a la nueva estación ferroviaria, una maravillosa obra de ingeniería que casi merecería por sí sola una escapada hasta este Principado. Para ganar espacio se ha construido bajo tierra, ocupando de forma longitudinal gran parte del territorio, por lo que casi desde cualquier punto sólo se necesita coger un ascensor o varias escaleras mecánicas para estar en menos de cinco minutos en algún punto del andén… Y en no muchos más, en algún rincón de la Costa Azul francesa o en La Riviera italiana.
El suntuoso palacio de la familia real.<!–
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Uno de los principales atractivos de este mini estado es su posición, que nunca da ni claustrofobia, como puede ser el caso de Liechtenstein o incluso Andorra. Por la mañana se puede seguir la nueva ruta dedicada a la princesa Grace, buscando los paneles donde se han colocado grandes fotos en blanco y negro de su vida en el Principado tomadas en el mismo entorno donde están situadas, para terminar en su tumba, detrás del altar mayor de la Catedral (nunca faltan flores frescas) para luego irse a almorzar a San Remo o a Niza.
Aunque los verdaderos mitómanos suelen encontrar la forma de llegar hasta el punto de la Corniche donde ocurrió el fatídico accidente que terminó con su vida, camino del Montecarlo Country Club, ya en territorio francés (municipio de Roquebrune), en cuyo casco histórico todavía se puede visitar un castillo de otra rama de los Grimaldi.
Av Padre Isla – 38




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