Parador de Gredos (Avila)

La naturaleza más agreste

La afición cinegética de Alfonso XIII fue el origen de este bello parador enclavado al pie de la Sierra de Gredos. Construido hace ahora 80 años, fue el primero de la extensa red nacional.


Éste es el origen de una fabulosa aventura turística que ha culminado con una red de cerca de un centenar de establecimientos repartidos por los más exclusivos y remotos rincones de la geografía española. Empezó hace 80 años y precisamente resultó ser la naturaleza la causa de sus inicios. Fue este parador un capricho de Alfonso XIII, fanático cazador que tenía en Gredos uno de sus cazaderos favoritos. A principios del siglo XX, esta sierra castellana era igual de agreste que lo es hoy, pero estaba mucho más lejos. Para facilitar su aproximación, el monarca mandó construir este edificio, cuyas hechuras guardan semejanzas con el Monasterio de El Escorial, aunque mucho más domésticas, que nadie se asuste.

Durante décadas, el edificio conservó su aire antañón, algo que por fortuna no ha logrado disolver la última reforma que lo ha convertido en un moderno hospedaje. Desde sus ventanas y terrazas se contempla a placer el leitmotiv del parador: los altivos roquedos gredenses. Para recorrerlos, mandó el monarca construir la Trocha Real, calzada adoquinada en grandes losas de granito que la cruza de parte a parte. Pese a las inclemencias de la sierra y el paso de generaciones de pastores y rebaños, se conserva a la perfección, lo que dice mucho de los canteros de entonces. Recorrerla, aunque sólo sea en una breve tirada, es uno de los más excitantes ejercicios que puede realizar quien llegue a Gredos por vez primera.

Arranca en la plataforma, inicio de las caminatas del Alto Gredos y a donde se llega por una carretera de 12 kilómetros que se adentra en la montaña desde Hoyos del Espino. El prado de las Pozas, singular planicie en la que suelen pastar las ganaderías es cruzada por su enlosado, que de inmediato asciende Los Barrerones. Camino del Circo de Gredos, la importante cuesta tiene a su mitad una agradable fuente, preámbulo de la más bella vista de estas montañas: la que desde lo alto de aquella eminencia regala la visión del Circo de Gredos con todas sus cumbres: Los Hermanitos, El Cuchillar de las Navajas, Risco Moreno, Cabeza Nevada, la Galana y, sobre todos ellos, el pico Almanzor, punto culminante de las dos Castillas.

Hay muchas más cosas. La solana del alto de los Barrerones es un lugar por el que las monteses muestran especial querencia. Allí sestean o rumian entre los jarales, sin inmutarse por el paso de los montañeros. Si se continúa hasta la Laguna Grande, en el centro del circo glaciar, seguirán viéndose cabras monteses a decenas, cuya confianza es tal que comen de la mano de los turistas. Un panorama bien diferente al que existía hace 80 años, cuando se levantó el Parador de Gredos. Entonces quedaban menos de un par de docenas de ejemplares de la emblemática especie en toda la serranía. Alfonso XIII se decidió a protegerlas creando el Real Refugio de Caza de la Sierra de Gredos. Hoy son el símbolo de la agreste naturaleza de las altas tierras abulenses.

parador de gredos

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